Algorithmic Art – El Arte Que Nació de la Matemática – Parte 2

Algorithmic Art – El Arte Que Nació de la Matemática – Parte 2


Segunda Parte – Leer la Primera Parte
Un poco de historia… parte II: El arte
Hasta ahora, dentro de mí coexistían varias de las fuerzas impulsoras que comenté. Era el momento propicio para que apareciera una argamasa, algo que se entremezclara y diera contenido, cuerpo, sostén.
Conocí a Andrés Martínez Mora, pintor artístico geométrico, y de la mano de charlas, comentarios, exposiciones y la acción del tiempo (que es como una levadura que va fermentando los conocimientos) se fue gestando algo.
Qué extraña es la forma de actuar del cerebro… Cómo puede ser que, sin que uno se lo proponga explícitamente, distintos elementos confluyan en una obra… en una realización… en un acto creativo.
Y ahí estaban, el niño haciendo las cuentas de la regla de tres, pidiéndole a los reyes magos que le trajeran su primera cámara fotográfica, embelesado haciendo dibujitos con el espirógrafo, las colas interminables en la facu para perforar una coma en una tarjeta perforada… todo eso junto. Sin un por qué, cómo y dónde. Lo artístico vino a explicar lo no descubrible. La pasión fue energizando lo inconexo.
Aparecieron los Ahbueh!’s.
Pero, se estarán preguntando qué son los Ahbueh!’s ?
Son manifestaciones de la Matemática. Son el resultado de trabajar y jugar con funciones, sistemas de ecuaciones, lineales, cuadráticas, sinusoidales. Son una expresión visible de lo que está en todas partes… y a la vez no está.
¿Arte Digital?
Claro que necesito usar una computadora para lograrlos (por eso es digital). La cantidad de operaciones matemáticas que involucran una obra Ahbueh!, si fueran ejecutadas a mano (a mano significa con lápiz, papel y calculadora científica) demandaría estimativamente 120 siglos. Sí, hice la regla de tres, cronometré el tiempo que demanda calcular un solo pixel y lo llevé al total de la obra…
Es Arte porque es una expresión que tiene una intención, el querer transmitir sensaciones, sentimientos y emociones a través de un medio. En este caso es visual.
La Matemática lo abarca todo; en todas las cosas podemos hacer matemática, en todas podemos encontrar matemática. No es que la matemática esté físicamente. No ocupa un lugar en el espacio. Simplemente está. Para ser descubierta. Para, si se quiere, jugar, aprender, mejorar, avanzar. El arte busca un bien, una perfección. Y en definitiva, estoy buscando eso para todos los que adviertan lo que trasciende la obra. Y entonces, de alguna manera, y a través de estos medios, puedo animarme a entender que no todo lo que existe ocupa espacio y que lo infinito puede ser superado.
No utilizo programas de diseño pre-escritos. Yo escribo mi propio programa. Mando a ejecutar el código que escribí, para gobernar a cada uno de los pixeles. No uso nada de diseño enlatado, y no porque sea pecado. Simplemente es mi estilo. Siento un gozo indescriptible cuando termino de escribir un procedimiento (subrutina o como quieran llamarlo) y veo que lo que buscaba lo logré. No es lo mismo, para mí, entrar a un menú y elegir este efecto o el otro. Cada uno de los píxeles de la obra responden a decenas de operaciones predefinidas. “Sintonizando” los coeficientes de las ecuaciones voy modulando los resultados de manera que se logre lo que deseo. La totalidad de la obra responde a un código genético-matemático único. Los genes son miles de operaciones que se entraman en el ADN aritmético de los Ahbueh!’s.
Siento enorme placer al programar y jugar con las formas, los colores, los contrastes, las tensiones y las fusiones. Es relajante. Pero al mismo tiempo genera un alerta muy especial. Creo saber de donde proviene eso…
Los Hemisferios
El cerebro de nosotros, los seres humanos, contiene dos sectores denominados hemisferios: el izquierdo y el derecho. Cada uno de ellos controla distintas funciones.
El hemisferio izquierdo se especializa en el manejo de la lógica, de la matemática, de la planificación y ejecución, de la toma de decisiones. El método que utiliza para resolver los problemas se denomina análisis (descomposición en pequeños sub-problemas). Es el hemisferio “frío y calculador”. Sus términos predilectos son: orden, lógica, procedimientos, quizá se pueda, depende, demostrémoslo.
El hemisferio derecho se especializa en sensaciones, sentimientos, habilidades visuales. Es el responsable de nuestra percepción del mundo en términos de color, forma y lugar. Es el hemisferio “bohemio”. Da rienda suelta a la imaginación, a las emociones, a la creatividad. El método para resolver problemas se llama síntesis (componiendo la información a partir de sus elementos componentes). Sus palabras predilectas podrían ser: deseo, amor, pasión, huyamos juntos!, vayamos que podremos!…
La actividad del Algorithmic Art demanda la actividad de ambos hemisferios. Es imprescindible ser ordenado, planificar, y desarrollar los algoritmos haciendo uso de la lógica, del conocimiento matemático. Pero en el momento de diseñar la obra o evaluar los resultados, hay que tener la máxima sintonía con la sensibilidad, hay que enamorarse, hay que latir con la obra y ser un observador apasionado, cálido, juguetón.
Por eso, considero que hacer Algorithmic Art es una actividad balanceada. No es un tenis, que voy a jugar siempre con el mismo brazo, sino que me equilibra interiormente, me permite alternar con actividad y descanso. Desintoxica por medio de la armonía, la amistad y la reconciliación de ambas partes del cerebro.

 

 

Por Eduardo Biagini