Bill Plympton habla de los desafíos de la animación independiente para adultos

Bill Plympton habla de los desafíos de la animación independiente para adultos


Esta nueva entrevista al gran animador estadounidense Bill Plympton, realizada por Scott Thill, está tomada de la página cartoonbrew.com

El largometraje Cheatin‘ y el corto Footprints, ambos de Bill Plympton, compiten este año por el premio de la Academia.

«Si mi corto Footprints sale nominado y, por alguna extraña razón, también mi largo Cheatin‘ –explicó Plympton por teléfono–, seré la primera persona en recibir una nominación por haber dirigido [el mismo año] un largo y un corto. Disney nunca lo consiguió; Spielberg no lo ha conseguido; Miyazaki, Lasseter, nadie lo ha logrado».

Plympton está especialmente obsesionado con Cheatin‘, un relato de pasión exagerada y amantes desventurados que él denomina «la mejor película que he hecho nunca». Cheatin‘ es también, según se informa, el primer largometraje de animación financiado por medio de Kickstarter, gracias a los leales fans de Plymptoons, que aportaron los 100 000 $ necesarios para terminarlo. El resultado es un delirio a menudo hilarante y siempre melodramático, distinto de cualquiera otra de las películas de animación que compiten por el premio, lo que incluye otros trabajos dibujados a mano como Song of the Sea, de Tomm Moore, y la que posiblemente sea la última película del cofundador de Studio Ghibli Isao Takahata, El cuento de la princesa Kaguya. Y como siempre, Plympton hizo él mismo cada uno de los más de 40 000 dibujos de su película.

En opinión de Plympton, conseguir dos nominaciones, más aún que ganar el Oscar, supondría un gran avance en la legitimación de su intento personal por devolver la animación adulta a lo que considera un mercado demasiado conservador.

«A los ejecutivos de Hollywood no les importa la animación dibujada a mano y les da lo mismo la animación que no es para chicos, así que apenas tengo oportunidades para hacer las películas que me interesan» –afirmó Plympton–.

Bill Plympton

«Cuando tengo una propuesta para Hollywood, me dicen: “Muy bien, envíanos el guion” –explicó–. Cuando les digo que mis películas no tienen diálogo, y por eso no hay guion, responden: “Tenemos que ver un guion”, lo cual indica que no entienden la narrativa visual y solo quieren sketches y gags tradicionales. Eso me hizo estar rompiéndome la cabeza y preguntándome por qué debería hacer esto. Es un rechazo muy frustrante, me dan ganas de abandonar el negocio. Pero no quiero abandonar el negocio, quiero seguir haciendo mis películas».

Las películas de Plympton, inmediatamente reconocibles y ganadoras de premios, abarcan varias décadas, desde Your face, surrealista cortometraje de 1987 nominado al Oscar, pasando por largometrajes muy divertidos, a veces soeces y que cuestionan las ideas establecidas, como Me casé con un extraño, Mutant Aliens e Idiots and Angels. Y sus valientes exploraciones para adultos prometen seguir llegando: el próximo corto Hitler’s Folly es una sátira de la segunda guerra mundial basada en el amor, sucedido en la vida real, que sentía el universalmente denigrado dictador por la histórica Blancanieves y los siete enanitos, película que en Hollywood denominaron, en son de burla, «el disparate de Disney».

«¡Lo sé! –dijo riendo–. Es una película muy controvertida: algunas personas se negaron a trabajar en ella, y tuve que dejar que se fueran».

Ya sea mediante cortos o largos, Plympton quiere que los adultos disfruten con su cine de animación, una forma artística que según él «no tiene límites, fronteras ni reglas». Y continúa: «Tengo la esperanza de que en los Estados Unidos estén preparados para ver algo diferente, porque creo que el público se está empezando a cansar de las consabidas películas de Pixar, Dreamworks y Disney. Creo que los espectadores están preparados para ver un tipo de animación dibujada a mano que tiene ideas propias. ¿Por qué deberían ser los niños los únicos que disfruten con la animación, cuando esta es una forma de arte tan grande? Me ofende que la animación estadounidense sea tan estereotipada, y espero que Cheatin‘ ayude a derribar esa barrera».

Aun en el caso de que la histórica carrera de Plympton hacia el Oscar no consiga el éxito, es seguro que él seguirá estando locamente obsesionado con las retorcidas y torturadas líneas de Cheatin‘ y con sus fluidos colores, que suponen la culminación en el cine del estilo de ilustración que ha intentado repetir durante toda su vida laboral.

«Cuando me hice ilustrador en los años 70, me encantaba mezclar acuarela con tinta y pluma, pero nunca, en toda mi carrera en el cine de animación, he sido capaz de recrear aquel estilo debido a que era demasiado costoso –explica Plympton–. Pero con Cheatin’ mi equipo se las ingenió para imitar la acuarela mediante Photoshop. Esa fue la razón de que nos quedásemos sin dinero: el trabajo con acuarela fue tan intenso que tuvimos que contratar adicionalmente a cuatro artistas, y eso hizo que el presupuesto se pusiera por las nubes. Aun así, creo que es el estilo más bonito que haya usado nunca, y quiero usarlo otra vez».

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Y debe tenerse en cuenta que eso no hubiera sido posible sin computadoras. Si bien Plympton afirma que «la animación por computadora está hecha por máquinas, y eso no me parece tierno ni acogedor», él es el primero en reconocer que la tecnología digital ha cambiado su carrera para siempre y para mejor.

«Años atrás, el proceso de emplear una cámara truca grande y pintar celdillas como en Hair High me resultaba caro y lento –dijo–. Editar la película y mezclar el sonido era extremadamente costoso, y las pistas de doblaje precisaban de máquinas enormes para sincronizar los efectos de sonido. Lo mismo sucedía con la distribución: cargar con los rollos de 35 mm, enviarlos e imprimir en Technicolor también salió caro. Más de la mitad de mi presupuesto se lo llevó el procesado técnico de la película».

«Pero ahora que todo es digital, me he librado de esos gastos –afirmó–. Ahora puedo hacerlo en mi casa con una Mac. Para un cineasta independiente eso supone un soplo de aire fresco. Es una época nueva. Por esa razón, aplaudo sin dudar la tecnología digital».

Traducido por Alejandro Sánchez Corrales

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