Cinco cosas que me enseñó la fotografía sobre la creatividad

Cinco cosas que me enseñó la fotografía sobre la creatividad


Escrito por Scott Kirkwood, director creativo de Vermilion, la agencia digital de diseño estadounidense.

1. No se trata de los instrumentos. Los buenos fotógrafos pueden usar tanto un iPhone como una cámara Holga: la verdadera herramienta es la que ellos tienen entre las orejas. Lo mismo se puede decir de los buenos diseñadores gráficos. Sin duda se necesita un conocimiento sólido de Adobe Creative Suite, pero no hacen falta 500 fuentes, todo el software más reciente y conocer hasta la última característica de ese software. Prefiero un gran diseñador que trabaje con unos pocos bolígrafos de colores y un escáner viejo a otro mediocre que tenga a su alcance una mesa de trabajo llena de juguetes de alta tecnología.

2. Acepta las limitaciones. Cuando hago una larga excursión en un parque nacional, no quiero llevar dos cámaras y cinco lentes, pues necesito limitar mis opciones. Y eso está bien; de hecho, es algo bueno. Cuando la única lente disponible es una de 35 mm f/1,4 uno tiende a centrarse en los detalles y a ver escenas para fotografiar que no habría visto si llevase una lente ancha para captar paisajes y una lente zoom para la fauna. Al igual  que la estructura de un haikú o de un soneto nos obliga a ser creativos, las limitaciones conducen a hacer cosas que de otro modo no habríamos hecho.

3. La creatividad es solucionar problemas. La fotografía consiste enteramente en prever problemas y resolverlos, ya sea escoger la abertura correcta, encontrar el ángulo adecuado, identificar las condiciones de luz perfectas, usar un trípode si es preciso o colocar un filtro de densidad neutra para evitar que la imagen del cielo se vuelva blanca. No escapes de los problemas: acéptalos y aprende de ellos para así estar mejor preparado para los siguientes. Recuerda: si no existieran los problemas, no te llegarían los cheques.

4. La buena revisión lo es todo. Cuando mi equipo revisa portafolios de fotografía de candidatos a colaboradores independientes, esperamos que todas las imágenes sean de máxima calidad. Cuando un fotógrafo nos muestra sus mejores trabajos, más vale que no contengan ni una sola foto cutre. Si las hay, nos damos cuenta inmediatamente de que ese fotógrafo no sabe juzgar su propia obra, y eso supone que tendré que gastar mucho tiempo en pasar por la criba esos errores. Lo mismo vale para el diseño: debes crear muchas opciones y saber descartar las peores.

5. La obra debería hablar por sí misma. En una revisión de portafolios en el Festival de Fotografía de Palm Springs de hace varios años, un fotógrafo aficionado me enseñó una imagen absolutamente decepcionante de un oso pardo, de la que estaba especialmente orgulloso. Me explicó que había tomado esa foto durante una excursión en Alaska tras pasar días sin alcanzar a ver ningún oso pardo. ¿Sabes qué opino de eso? Que me da igual. Una buena historia no mejora ni un ápice una mala fotografía.

Cuando un diseñador gráfico se pasa quince minutos explicando la idea que hay detrás de una imagen a doble página en una revista y la belleza oculta que yace en lo profundo de ella… Sí, acertaste: me da igual. No estarás presente para explicar tu intención a mis lectores, así que no intentes explicármela a mí. La buena fotografía y el buen diseño no necesitan de ninguna explicación.

 

Traducción: Alejandro Sánchez Corrales