“El Cine Murió en 1983”. Peter Greenaway Habló en Buenos Aires del Futuro del Arte Multimedial

“El Cine Murió en 1983”. Peter Greenaway Habló en Buenos Aires del Futuro del Arte Multimedial


“El cine murió el 21 de septiembre de 1983”, dijo una voz y las palabras resonaron por toda la sala. La voz (y las palabras) pertenecen a Peter Greenaway, paradójicamente uno de los más grandes cineastas vivos, y uno de los pocos que siguen replanteándose nuevas maneras de transformar el material con el que trabajan en algo novedoso.

Anoche a las 7:30, en el contexto del MICA (Mercado de Insdustrias Culturales Argentinas) que se lleva a cabo en el Hipódromo de Buenos Aires (entrada por Av. del Libertador y Ortega y Gasset) Greenaway arremetió contra Hollywood y el standard de la película como catársis: el infinito modelo del personaje al que le va mal pero termina bien. Tampoco se salvó el cine europeo, en donde en general al personaje le va mal y termina mal. Greenaway apunta al hecho de que en ambos casos se trata de una narración con un final impuesto sobre el espectador, en lugar de brindarle una experiencia viva, sin solución de continuidad.

“En 1983 el primer control remoto llegó al primer hogar. A partir de entonces el espectador empezó a tener poder de decisión. En diez años nadie va a ir al cine”, profetizó, antes de preguntar cuánta gente iba al cine al menos una vez por semana. Las pocas manos levantadas parecieron darle la razón. “Quedarse quieto delante de una pantalla durate dos horas, lo que dura una película típica, no es una actividad natural. Estoy seguro que anoche, mientras miraban algo desde sus camas, no estuvieron tan quietitos. El único momento en que los ojos están inmóviles es cuando uno está muerto.”

Y es que en la última década, prácticamente después de “Escrito en el cuerpo” con Ewan McGregor (junto con “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”, probablemente la más conocida de sus películas) Greenaway se volcó cada vez más intensamente a las instalaciones multimedia y a sus performances en vivo como VJ (la V, por Video, en lugar de la D en Disc Jockey), en donde una variedad de imágenes y secuencias son disparadas sobre múltiples pantallas sin previo montaje, acompañadas por música y combinándose en el momento para formar una experiencia única cada vez.

En la segunda hora de la charla Greenaway mostró varios videos de sus últimos proyectos (casi todos se pueden encontrar en Youtube). Uno de los más interesantes fue “Escribiendo en el agua”, en donde una orquesta sinfónica hacía vibrar el líquido con su sonido. Estas variaciones eran registradas por una computadora y transferidas gráficamente a una pantalla gigante.

Pero el más ambicioso de sus proyectos es sin duda el denominado “Nueve Obras Maestras de la Pintura, Revisitadas”, en donde el artista viaja a los museos y aplica sobre cuadros originales (la serie incluye Rembrandt, Da Vinci y Pollock, entre otros) una variedad de efectos de luz, sombras y proyecciones 3D que renuevan por completo nuestra percepción de esas pinturas y las vuelven imágenes vivientes. Estas permormances en vivo suelen incluir varias pantallas a los costados que muestran detalles agigantados de las obras (ver video abajo). La obra final de la serie será “El Juicio Final”, la monumental pintura de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano.

Greenaway sostiene que quiere librarse de las cuatro tiranías del cine:

1. La tiranía del texto: la necesidad de un guión lineal sigue atando al cine tradicional. “Harry Potter y El Señor de los Anillos son libros ilustrados”, aclaró. El verdadero lenguaje del cine son las imágenes y lo que un artista es capaz de lograr con ellas. “Por eso”, agregó, “Einsenstein, quizá el más grande cineasta de todos los tiempos, dijo que el único verdadero director de cine fue Walt Disney”. Claro que se refería al artista de Fantasía o la secuencia onírica de Dumbo, no al estudio que produjo Hércules y El Rey León.

2. La tiranía del cuadro a la que nos tiene acostumbrados la tradición occidental. Greenaway quiere escapar del recuadro tradicional de la pintura (marco), el cine (pantalla), e incluso el teatro y la ópera (escenario) y buscar nuevas posibilidades. La multiplicidad de pantallas simultáneas con las que él trabaja es un buen ejemplo.

3. La tiranía de los actores, que pretenden que no están siendo mirados cuando sí lo están, “y que difícilmente le hacen a uno olvidar que tan solo están pretendiendo”.

4. La tiranía de la cámara, “ese objeto estúpido que sólo sabe ser mimético y copiar lo que tiene adelante”.

No hubo lugar para preguntas y respuestas en esta clase magistral (así estaba anunciada en el folleto del MICA, que sigue con todo, hoy y mañana), pero Greenaway se quedó un largo rato respondiendo las preguntas de quienes se acercaron a saludarlo. Entre las varias cosas que comentó, adelantó que tiene un proyecto entre manos que tiene que ver con Borges, y que entre sus próximos largometrajes hay uno que planea filmar en Argentina, protagonizado por una prostituta que no sabe que lo es.

El lenguaje del cine podrá transformarse en una lengua muerta, pero si hay alguien que la habla bien, es Peter Greenaway.

Performance multimedia de Peter Greenaway sobre el cuadro “La Boda en Canaa” de Paolo Veronese.

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