“En Animación Hay Que Ser un Director Zen”. Entrevista con Esteban Echeverría, Director de “La Máquina Que Hace Estrellas”.

“En Animación Hay Que Ser un Director Zen”. Entrevista con Esteban Echeverría, Director de “La Máquina Que Hace Estrellas”.


Con una película a punto de estrenarse (“La Máquina Que Hace Estrellas”, en 3D estereoscópico, se
estrena en diciembre) y dos más en producción (“El Reino de Bilembambudín”, basado en la novela de
Elsa Bornemann y “The Most Wanted”) Nut’s Studios se perfila como uno de los estudios de animación
más ambiciosos y profesional de la Argentina.

En La Máquina Que Hace Estrellas, Pilo es un niño que vive con su madre en una pequeña casa en uno de los asteroides del cinturón que rodea un enorme planeta azulado.

Todas las noches sale a su balcón esperando que las estrellas hayan desaparecido del cielo. Según su abuelo, existe una máquina que genera las estrellas cada noche y, si algún día falla y las estrellas desaparecen, un miembro de su familia será el encargado de repararla. Pilo alucina con la leyenda y espera el día en que ésta finalmente se cumpla, pero no sospecha que, cuando eso suceda, tendrá que cargar solo con la responsabilidad.



—¿Algún parentesco con Esteban Echeverría, autor del primer cuento argentino?

—No… Bueno, lo peor es que no sé. (Risas)

 

—Estuvieron bien tus viejos. En el barrio de Belgrano ya hay una calle con tu nombre…

—No sabía. Pero sí, la idea es pasarlo por arriba. (Risas)

 

—Quería empezar por el principio, lo cual no es muy original, y repasar un poco de dónde viene tu interés por la animación y el cine. Ví varios muñequitos de Star Wars sobre tu mesa, que deben ser del ’83, ’84…

—Sí. Son originales. En realidad, yo dibujé toda la vida. Pero siempre fue por el lado de la historieta, del cómic: la historieta europea, de todos los autores posibles, y del cómic, sobre todo norteamericano, de superhéroes, y algo del cómic independiente. Siempre fui por ese lado, y por ahí entré también al palo de la fantasía, hasta que un día vino La Guerra de las Galaxias y se acabó todo. (Risas)

 

—¿Qué respondías a la típica pregunta de qué querés ser cuando seas grande?

—Siempre dije, desde chico, que quería ser director de cine. Pero por cuestiones de que, en aquel momento,  estudiar cine era más complicado que hoy, sobre todo por la guita, abandoné la idea y me fui más para el lado del dibujo. Estudié publicidad y más tarde volví a lo artístico y me metí en Bellas Artes, y después, por fin, terminé en cine. O sea, no soy animador. Soy director de cine. Pero en un momento me crucé con la animación y terminé trabajando con Sebastián Semprone de Nut’s Studios. Después terminé siendo socio en Nut’s y estuvimos mucho tiempo haciendo comerciales. Yo puse la parte de cine, por así decirlo, y Nut’s ya era una empresa de 3D.
—¿Cómo encaja La Máquina Que Hace Estrellas en ese cuadro?

—Trabajamos mucho para Arcor, para Fundación Huésped y otros clientes. Y siempre tuvimos entre manos este proyecto que está basado en un cuento breve de Sebastián. Yo después lo adapté a un guión cinematográfico y ese pequeño universo creció y se extendió a 80 minutos. En un principio eran 140… Y todo ese mundo de fantasía que comentaba antes, me ayudó. Puro nerd. Porque antes que director de cine soy nerd.  (Risas) Después, esa idea se transformó en un teaser, un trailer.

 

—¿Esto hace cúanto tiempo atrás?

—Tres años, cuatro.

 

—¿Y cómo llegó a concretarse la realizació de la película?

—A través de unos contactos, de gente con la que yo ya había trabajado, terminamos en contacto con Aleph. A ellos les interesó mucho el proyecto. Ellos venían de hacer dos largos de animación, Martín Fierro y Cuentos de la Selva. Ellos se sumaron en octubre del 2009.

lamaquinaquehaceestrellas03

—El look de los personajes no es el típico de un personaje argentino, como en el caso de las películas que nombraste, o de Patoruzú, etc. Calculo que fue una decisión tomada desde el principio. ¿Se plantearon alguna vez este tema o era obvio de entrada que iban a tomar este camino?

—No, no había un referente en Argentina para lo que nosotros queríamos hacer. Están Gaturro y Plumíferos… Pero, bueno, Gaturro está animada en la India, Plumíferos tuvo sus complicaciones,  por fin la lograron terminar. Fue el primer largo 3D de Illusion. O sea, hay dos o tres ejemplos, nada más. Después hay ejemplos de 2D. Pero, volviendo a tu pregunta, ninguno de nuestros proyectos tienen esas características. Ni siquiera Bilembambudín, que ahora está en etapa de pre-produccion, está situada en Argentina necesariamente. La idea fue hacer algo sin bandera, sobre todo siempre pensando en el mercado latinoamericano. Siempre pensamos en algo que podés doblar al… qué se yo… al rumano, y que funciona. La idea es lograr una calidad suficiente como para que pueda ser una película que fue hecha en cualquier lado. También pensando en el mercado latinoamericano, el lenguaje de la película es en neutro.

 

—¿Te choca el doblaje “argentino”?

—No tengo nada contra las películas que optan por el “argentino”. Por ejemplo, la línea de Paka-Paka está buenísima, les funciona. Creo que hay algo que no está madurado. Ojalá que Paka-Paka logre poner eso en tela de juicio. Que un pibe diga, ‘No, no quiero escuchar neutro’. Porque la verdad es que los pibes ven neutro y hay cincuenta y siete canales que hablan así. Nosotros lo hicimos por un tema de mercado y porque va bien con la película, con el tipo de material. Y por una cuestión económica también: lo doblás una vez y después tenés todo el mercado latinoamericano.

 

—¿Cómo seleccionaron las voces?

—Trabajamos con doblajistas profesionales. En un momento habíamos pensado en Capusotto, Darín, de la Serna… No sé. En distintos actores, pero después nos dimos cuenta que no… Claro que hay que ver qué pasa cuando salga la peli, pero la gente que hace las voces es muy conocida a nivel profesional. La voz de Pilo es de la chica que dobló Chihiro, y a ese nivel. En México los doblajistas son muy conocidos. Acá no pasa, pero son los mejores de todos. Y por el lado del arte de la peli, tampoco hay nada que tenga que ver con Argentina o Latinoamérica en particular, ni tampoco nada que tenga que ver con los países nórdicos ni nada por el estilo. Sí hay un bandoneón por ahí suelto, metido dentro de la música, pero nada más.

 

—¿De quién es la música?

—La música es de Hernán Reinaudo, que es un músico fenomenal. De hecho creo que una de las cosas que más se destacan en la película es la banda sonora. La idea fue desde el principio no traer a un músico “de animación”, ¿entendés? No hagamos la música donde el personaje mueve la manito y da pasos y va al ritmo. Lo mismo con las actuaciones de los personajes. No hicimos una animación exagerada a lo americano, a lo Disney o Dream Works. La idea siempre fue: estos bichos existen, están ahí y son filmados, y reaccionan como humanos. Vamos más por el lado Miyazaki o Pixar, que son los dos referentes nuestros. Es más acerca de la historia que del chiste o el gag.

lamaquinaquehaceestrellas05

—En la película el universo se queda sin estrellas, sin luz. ¿Eso presentó algúna traba desde lo visual?

—Sí. La película es como una road movie por el universo. Un universo sin estrellas, un universo muy extraño y pictórico, en cierto punto. Sí tuvimos la dificultad de ver qué hacíamos con la luz. Si no tenemos estrellas, tenemos una película negra. Pero nos pusimos a estudiar cómo es que muere una estrella, vimos imágenes de cómo es realmente que pasa, y usamos eso. En realidad se desmaterializan en millones de colores, todos los colores posibles.

 

—Ah, tuvieron suerte entonces. (Risas)

— Igual sí, era una de las dudas que teníamos: el “nivel de oscuridad” de la peli.  Porque si es muy oscura, no es muy “infantil”, digamos.

 

— Claro. Como venías de área de cine más que de animación ¿qué diferencias encontraste entre dirigir a actores y dirigir una película animada?

— A nivel narrativo no hay ningua diferencia. El cuento se cuenta y es lo mismo. Un pibe va por las estrellas o un pibe va en bicicleta por la ruta. Pero en animación el guión tiene que ser de hierro. Por ahí en cine, cundo trabajas con los actores, surgen cosas que ayudan a la película. Acá no es posible eso. Desde el principio tiene que estar la película perfecta porque eso no se va a modificar. No hay vuelta atrás. Lo que vos hiciste primero en el guión y después en el animatics, ya está. Es lo que tiene que ser. Si no, hacés trabajar a la gente de más y el tiempo es dinero, y en animación más que en otros lados. Después, los tiempos son muchísimo más extensos. El rodaje de una peli te lleva tres o cuatro meses. Acá tenés dos años o tres, enteros. Tenés más limitaciones técnicas todo el tiempo, en movimientos de cámara y todo eso. Obviamente las grandes producciones extranjeras no las tienen, pero estamos hablando de producciones de muchos millones de dólares. Nosotros tenemos el presupuesto de una película con actores, digamos.

 

—¿Y las diferencias a nivel “dirección”, digamos?

— Y… Tienen que ver con la paciencia. Con no ser ansioso. Hay que ser un director zen. (Risas)

 

—¿Hubo algo que te tomó por sorpresa desde que empezó la producción?

— Es que está todo tan planificado que es difícil que algo te sorprenda. Quizá sí me pasó con el laburo en 3D estereoscópico.

 

—¿La peli es en 3D estereoscópico de principio a fin?

—Sí. Eso generó una complicación enorme a nivel producción y retrasó la peli también. Es un proceso muy particular porque vos no ves la cámara final. La película en 2D o plana, es la cámara izquierda. En la estereoscopía se le agraga la cámara derecha. Pero lo loco es que ninguna de esas dos cámaras es lo que ve el espectador al final. Porque lo que ve el espectador al final es lo que crea en el cerebro. Es muy loco. O sea, son milímetros, pero el concepto ya es muy loco. Eso sí me sorprendió mucho. Y a mí, sin ser un gran fan del cine 3D, es lo que me parece más interesante. El concepto de que vos le estás dando herramientas al cerebro para completar su cuadro y su profundidad.

 

—¿Cambió mucho el diseño de la producción? Porque esto lo decidieron hacer una vez que ya habían empezado ¿no?

—Exactamente. Y sí, cambió muchísimo. Hubo que re-pensar todo. Tampoco hay tantos profesionales en Argentina que sepan trabajar bien con estereoscopía. Nosotros trabajamos con la gente de WIP, que ya tenían experiencia, en publicidad y ese tipo de cosas. En realidad, más que nada, lo que no hubo hasta ahora es cine en 3D hecho acá. Una de las complicaciones es que, a diferencia del 2D, con el 3D estereoscópico no podés hacer cosas en post-producción. Tiene que estar hecho de entrada en 3D porque todo lo que está en pantalla tiene que ser 3D. No podés usar la imagen de algo en primer plano y dejarlo ahí por lo que dure la toma. Tenés que renderear todo en 3D todo el tiempo. Sobre todo si se mueve la cámara, porque si no se rompería el efecto. Esa es la diferencia entre una película hecha en 3D y una que está post-producida en 3D. Hay que buscar que sea algo más, que le dé vida al proyecto, pero no saturar con el efecto.

 

—Si bien está latente, no hay una gran tradición de ciencia ficción en el cine argentino, si bien es evidente que al público sí le interesa, a juzgar por los libros y cómics que se leen…

—No hay una gran tradición por un tema de costos. Pero las películas más vistas siguen siendo las de ciencia ficción o las de super héroes. Lost fue un éxito total y es ciencia ficcion. No todo es bueno. Estaría bueno que hubiese mejores películas de ciencia ficción, quizá, pero ahí estan. En Argentina hubo cincuenta tipos que quisieron filmar El Eternauta y nunca pudieron hasta ahora. Creo que eso va a cambiar. En la publicidad te das cuenta quea nivel técnico no nos falta nada. Pasa que una publicidad dura un minuto y una peli ciento veinte. Es un tema de costos. Acá nosotros hacemos publicidad para todos los lugares del mundo. Publicidad 3D, hiperrrealista, lo que quieras. Los ejercicios que uno ve de los chicos en la facultad son zarpados. Se puede hacer cualquier cosa y el costo va bajando cuando la tecnología se hace más accesible.

 

—¿Cómo ves el futuro del cine?

— El cine en la sala de cine está complicado, pero no me asusta porque a la vez surgieron miles de canales para contar historias audiovisuales. Me parece que con la tele digital, acá, va a ser algo enorme lo que va a pasar. Hay como sesenta series que se están haciendo para televisión. Y a mí me parece que los videojuegos son el canal futuro a full, para los narradores audiovisuales. Me parece que es un canal que cada vez va a ser más usado. Las obras dentro de ese género se están transformando en algo cada vez más complejo, y también porquetiene que ver con la interactividad. Los grandes directores del cine comercial, Spielberg, Peter Jackson, ya están metidos hace años en el tema de los juegos.

 

—Volviendo a la historia de La Máquina… ¿Al escribir el guión tuvieron en cuenta algún esquema narativo? Por ejemplo, necesitamos el héroe, el personaje cómico y el antagonista…

— Totalmente. Yo agarré Up y la cronometré. Nos sentamos y nos fijamos, no sé, a ver en qué momento empieza la aventura, siete minutos. O Wall-E también. re-leímos libros de teoría del guión, cosas bien americanas en un punto, porque nos parece que  a este tipo de relatos, sobre todo cuando son para chicos, tenés que darle algo que más o menos conozcan. Hay quienes no están de acuerdo con eso. También estoy de acuerdo con los que no están de acuerdo (Risas), pero en este proyecto en particular, por la envergadura y todo, había que seguir cierta fórmula pre-establecida y seguir el camino del héroe, tener la espada, el sabio y todo ese tipo de cosas. Por otro lado casi la totalidad del contexto no es muy común, así que está bueno acompañarlo con algo más probado. Sobre todo, repito, teniendo en cuenta que está dirigido al público adulto, pero sobre todo a los chicos. Queremos que estén todos ahí, y que lloren y se mueran de risa con la historia de Pilo. Por ejemplo hay un robot llamado 19, que trabaja en una estación de servicio que fue abandonada hace mil años, y el tipo nunca se enteró. El malo es re-malo, mal. El padre es la figura del “padre perdido”. Y el héroe hace… bueno, “el camino del héroe” ¿no?

 

—Claro. ¿A estas figuras, o a este sistema de figuras y relaciones, le ves alguna correlación con el mundo real o son una simplificación que sirven como herramienta para contar una historia?¿Se entiende la pregunta? ¿Te parece que el espectador se identifica con el héroe porque ve algo que tiene que ver con su vida?

—Yo creo que es más una expresión de deseo más que una identificación. Estaría buenísimo que las cosas sean así, que cada individuo se transforme en algo más de lo que piensa que es. Lo que estaría bueno lograr —recordá El Señor de los Anillos, Star Wars, E.T., y son siempre la misma historiaes eso que te hace querer ver una película mil veces. Hay una sensación que es única con ese tipo de relatos. Hay algo que nos conecta con cuando éramos pendejos y eso queda en el espectador.

 

—¿Por qué a los humanos nos fascina escuchar siempre “la misma historia”, como dijiste recién?¿Por qué hacer una nueva película?

—Por el algo más. El algo más para el que la hace y el algo más para el que la ve. Por entrar a otro lugar. Por poder llevar la mente a otro lado. Me parece que es tan simple y tan complejo como eso.

Entrevista por Martín Monreal


Visitá el Website de La Máquina Que Hace Estrellas y su página en Facebook

Escuela Da Vinci • Cursos y Carreras Cortas • Diseño Y Arte Digital

 

 

1 comment

Add yours
  1. 1
    Nat

    Acabo de ver la película y verdaderamente me encantó. Increíble la historia, felicito enormemente a todos los que trabajaron en esa película, increíble, gracias por hacerla. Tengo que confesar también que se me erizaba la piel cada vez que aparecía esa musiquita espectacular, Hernán Reinaudo GENIO.

Los comentarios están cerrados.