De un trabajo práctico a una agencia real: la historia de Sol Sforzini

Una egresada con creatividad internacional


El mundo audiovisual y el marketing pueden unirse de mil y una maneras. Una de ellas es la de Sol Sforzini, egresada de la carrera de Diseño Multimedial y cofundadora de la productora Cuarto Enfoque y la agencia WASD. Su recorrido no solo abarca marcas nacionales e internacionales a través de diversas industrias, sino también historias como la del trabajo práctico que se convirtió en su primera empresa o la del descubrimiento "casi por casualidad" del marketing digital.

Da Vinci - ¿Cómo fue tu trayecto en la carrera de Diseño Multimedial?
Sol Sforzini - Desde el secundario tenía en claro que lo mío era lo visual. A los 15 ya había estudiado fotografía y dibujaba todo el tiempo. Era fanática de las películas de Pixar y, en el último año del colegio, me mandé a hacer una especie de videoclip. Me apasionaba todo lo que fuera crear algo visual que contara una historia. Y tenía otra curiosidad que parecía no tener nada que ver: la psicología y la sociología. Quería entender por qué la gente siente y decide lo que decide. Años después, eso iba a volver con fuerza.

Diseño Multimedial fue como encontrar la pieza que encajaba: era tan amplia que entraban todas mis curiosidades juntas. Al terminar el primer cuatrimestre, me becaron por promedio, lo que me permitió sumarme en simultáneo a la carrera de Cine de Animación. Llegué a la mitad: cuando en Multimedial arrancaron 3D y las materias pesadas, rendir todo junto se volvió imposible. Pero no me arrepiento para nada porque, aunque al final yo nunca terminé animando, entender ese mundo por dentro me sirvió muchísimo después para poder dirigirlo y potenciarlo.

Ahora bien, yo sentía que no me destacaba en nada en particular. Me iba bien en general, pero no sobresalía en un área. Años después entendí que ese perfil generalista es uno de mis mayores fuertes: me permite dirigir equipos interdisciplinarios entendiendo qué hace cada especialista y cómo potenciarlo, y conectar disciplinas que por separado no dialogan. La amplitud de la carrera les sirvió a otros compañeros para descubrir en qué brillaban; a mí me sirvió para descubrir que mi lugar era conectarlo todo.

Disfruté muchísimo tomar cada consigna y trabajo práctico como excusas para ver hasta dónde podía llevar mi creatividad y convertir mis ideas en algo real. Y una de las cosas fundamentales de esa época fue conocer al que hoy sigue siendo mi socio, la persona con la que esas ideas de la cabeza se transformaban en realidad. También me llevé grandes amistades, colegas y amigos como (Iván) Knoska, con quien hicimos un podcast hablando específicamente de la carrera. Elegir buenos amigos y socios que te acompañen durante toda tu trayectoria profesional es una de las cosas más difíciles que hay; yo tuve la suerte de encontrarlos.

 

VER VIDEO


DV - ¿Cómo nació Cuarto Enfoque?
SF
- Con total honestidad, nació como un trabajo práctico. En el tercer cuatrimestre nos pidieron presentar una productora con nombre, logo y todo su ecosistema de marca. Con el equipo pusimos una sola regla para el nombre: nada de números, nada que remitiera directo a lo audiovisual. ¿Y qué elegimos? "Cuarto Enfoque". O sea, hicimos exactamente lo contrario de lo que habíamos dicho, y hasta hoy no sé bien por qué. En su momento nos cerraba la idea de los cuatro enfoques que manejábamos —fotografía, video, multimedia y "vos", incluyendo la visión del cliente—. Quedó, y hoy es parte de nuestra historia.

Lo que pasó después es que dejó de ser solo un trabajo práctico. Mientras cursaba, ya trabajaba: arranqué como fotógrafa en el mismo secundario donde me había recibido, y de ahí salieron bodas, comuniones, bautismos, quinceañeras. Con mi socio, Joaco, le sumamos video a los eventos, aplicando todo lo que íbamos aprendiendo de edición y animación en la facultad. Así que cuando nos recibimos, la decisión fue natural: agarramos ese nombre que había nacido en un aula, armamos porfolio con todo lo que veníamos haciendo y salimos a vender. Así nació la productora de verdad. Arrancamos con lo que teníamos, que eran los eventos sociales, pero los dos sabíamos que queríamos ir hacia las marcas y el mundo corporativo.

El gran salto fue conectar con una de las agencias de publicidad más importantes de Argentina y entrar como proveedores. De ahí se abrieron las puertas de varias agencias grandes que nos contrataban como fotógrafos, videógrafos, animadores, diseñadores, editores, y eso nos expuso a marcas enormes. Llegó un punto en que entre los dos no dábamos abasto y, con apenas 22 y 23 años, sumamos a los primeros colaboradores. Con el tiempo, a la productora le fuimos incorporando otras cosas que habíamos aprendido, como el desarrollo web para armar y actualizar nuestro propio sitio, y también aprendizajes extra que fuimos sumando por nuestra cuenta, como el SEO. Gracias a eso, Cuarto Enfoque se posicionó entre los primeros resultados cuando buscamos "productora audiovisual". Años después, ahí sigue. Siempre fue eso: aprender y animarse un poquito más.

Da Vinci - En tu recorrido profesional aparece fuerte el marketing digital. ¿Siempre apuntaste a ese rubro o lo fuiste descubriendo en el camino?
SF - Para nada, lo fui descubriendo. Nosotros éramos producción audiovisual pura; el marketing se fue dando por una mezcla de casualidad, oportunidades y curiosidad.

En pandemia, alrededor de 2020, se dio la oportunidad de trabajar de forma directa con una marca de Estados Unidos en un proyecto muy bonito de cursos sobre emprendimiento. Tenía una base fuerte de video, animación y diseño, pero necesitaban un equipo que, además, los ayudara en toda la parte estratégica de marketing: los lanzamientos de los productos, la pauta publicitaria, la medición de las conversiones de cada curso. Ese cliente que confió—y con quien hasta hoy nos mandamos WhatsApps y nos llevamos bárbaro— era increíblemente meticuloso con las métricas y los resultados. Y un día nos dijo algo que no me olvidé más: éramos muy buenos, pero muy rústicos en el análisis de métricas.

Me pinchó, no voy a mentir. Pero con los años aprendí que los comentarios que te pinchan son exactamente el lugar donde hay que mirar, porque ahí escondido hay un potencial enorme. Así que en vez de ofenderme, me metí de lleno: pauta publicitaria, conversiones orientadas a venta, tiendas online, e-mail marketing. Y había algo más de fondo que nos venía haciendo ruido. Como proveedores de otras agencias, muchas veces veíamos campañas donde las piezas que hacíamos con tanto cuidado no tenían mucho sentido, porque la estrategia de atrás no funcionaba. Y nos empezó a dar vueltas la idea de que las piezas no son el fin, sino materiales al servicio de una estrategia más grande. Queríamos dejar de solo producir y empezar a estrategizar. Ahí fue cuando hizo clic la curiosidad por la psicología y la sociología. El marketing digital resultó ser el lugar donde el porqué de lo que las personas miran, sienten y deciden se combina con todo lo visual que yo sabía hacer. Y mi perfil generalista encontró su cancha porque, en una estrategia de marketing, la foto, el video, la animación, la web y los datos tienen que jugar juntos. Y ahí descubrí el rol que más me gusta ocupar, el de estratega, el de potenciar todo lo visual que sabíamos crear con estrategia para lograr conversiones y resultados.

DV - ¿Cómo surgió WASD y cómo llegaron a trabajar con marcas destacadas a nivel nacional e internacional?
SF - Surgió desde una visión mucho más madura de lo que queríamos transmitir como negocio. Cuarto Enfoque sigue vigente como productora, pero decidimos crear WASD para trabajar de forma directa con empresas medianas y grandes, nacionales e internacionales. El nombre salió de nuestro costado gamer: W, A, S y D son las teclas con las que te movés en los juegos de PC.

La idea era bastante simple: queríamos crear la agencia que a nosotros nos hubiera gustado contratar. A mí siempre me motivó que fuera un lugar donde la gente disfrutara trabajar. Y del lado de los clientes, me apasionaba especialmente ayudar a mejorar la comunicación entre empresas y consumidores, porque veía que muchas malas experiencias de compra eran, en el fondo, faltas de buen entendimiento y comunicación. Las empresas pueden estar al servicio de resolver problemas reales de las personas; lo nuestro es lograr que esa conversación funcione.

Sabíamos que queríamos ser una agencia integral donde lo más fuerte iba a ser la producción audiovisual, pero buscando crear estrategias de comunicación más efectivas, con piezas divertidas y educativas que acompañaran al usuario en su camino. Para llevarlo adelante, llegamos a coordinar equipos de hasta 15 personas de distintas especialidades según el proyecto.

En todos estos años tuvimos la suerte de trabajar con todos los rubros imaginados: consumo masivo, retail, salud, construcción, tecnología, viajes, juguetes, gastronomía. Entre clientes directos y colaboraciones como proveedores de grandes agencias, produjimos para marcas como Netflix, Spotify, Samsung, Uber, Burger King, Ualá, Adidas, Playmobil, Grupo Ayudín, Dermaglós, Syngenta y Frasle Mobility. Esa versatilidad es de lo más valioso que construimos: aprendimos a escuchar a empresas de distintas industrias y tamaños, desde startups hasta pymes y multinacionales. Hoy tenemos más de 70 casos subidos a nuestro porfolio.

DV - ¿Qué es el Inbound Marketing y cómo lo aplican con los clientes?
SF - Es dar vuelta la lógica de la publicidad tradicional. En vez de interrumpir a las personas con anuncios, las atraemos con contenido útil que las acompaña desde que descubren una necesidad hasta que toman una decisión. Es una publicidad que no invade, sino que aparece cuando la persona la necesita.

Lo conocí alrededor de 2020 y me agarró en un momento muy particular. En la facultad había tenido una materia, Ética, a la que sinceramente en su momento no le había dado mucho interés. Diez años después, esa materia me explotó adentro. Empecé a replantearme cuál era el poder de lo que yo creaba, qué influencia tenía, qué elegía darle al mundo con mi trabajo. Tenía un conflicto entre mi profesión y el consumismo. Y cuando descubrí el Inbound, me hizo clic: existía una filosofía de marketing basada en estar al servicio, en ser la respuesta orgánica que el usuario encuentra en su camino. Por primera vez en mucho tiempo me sentí coherente e incentivé a nuestros clientes de esa época a estructurar su comunicación con esa lógica.

El caso que más me marcó fue con Snuks, marca de snacks sin TACC de Lasfor, una pyme nacional. Hicimos una campaña sobre celiaquía en un momento donde casi ninguna marca hablaba del tema. Armamos e-books descargables completos con información verificada con médicos y hasta recetas; en plena pandemia, hicimos vivos con influencers que en muchos casos ni se conocían entre sí.

Algunos resultados de esa campaña fueron ocho vivos con más de 12.000 participantes y 16 influencers, más de 11.700 suscriptores nuevos por e-mail en solo 45 días y más de 33.000 descargas de los e-books hasta hoy. Pero la métrica que más me marcó es que la gente nos escribía por privado para agradecernos el material. La celiaquía es una condición que, al momento del diagnóstico, genera mucho shock, y nosotros estuvimos ahí, acompañándolos con información de valor y muchísimo cariño. Ahí entendí que el Inbound era el camino: no solo conectás por el producto, sino porque realmente estás ayudando a alguien.

DV - ¿Qué le recomendarías a un estudiante de Diseño Multimedial que recién empieza?
SF - Varias cosas, todas probadas en carne propia. Primero, crear una red de contactos. En Da Vinci conocí a mi socio y pareja de los últimos 13 años, además de grandes amistades que hoy siguen siendo colaboradores profesionales con los que trabajo. Luego, hay que usar la facultad como el lugar para jugar. Cada consigna es una excusa: buscá la manera más loca, divertida y desafiante de resolverla. Nadie te va a dar un espacio tan seguro para experimentar como este.

Tampoco hay que apagar nunca el chip esponja. Uno aprende en automático, absorbe todo. El peligro viene después, cuando te acomodás en "bueno, esto es a lo que me dedico" y la curva se aplana. No lo permitas: hacé cursos, usá plataformas y, hoy más que nunca con la inteligencia artificial, probá, jugá, experimentá.

También debemos armar el porfolio desde el primer día: hay que animarse a hacer un logo a un amigo, un video a un familiar... ¡Lo que venga! Aunque sea gratis o por poca plata. Ese porfolio es lo que después te banca cuando tocás puertas más grandes.

Otra cosa es aprender a escuchar al cliente, que no lo enseña ninguna materia y lleva años. Hay que leer entre líneas lo que necesita, preguntar sin miedo, indagar. Y también animarse a contradecirlo cuando sentís que lo que propone no es lo más efectivo, pero siempre con fundamento y ofreciendo una mejor solución.

Y lo más importante de todo, no perder nunca la razón por la que arrancaste. Hay cosas que prenden el alma cuando las hacés, cosas que te generan ese "amo esto" interno. Puede ser contar historias, crear cosas, dominar una herramienta. Las oportunidades laborales te van a llevar para todos lados y de todo se aprende. La diferencia la hacés cuando volvés, una y otra vez, a eso que te llena.

 

Etiquetas: Artículos Experiencia laboral Multimedia

Ver noticias por etiqueta: