Mafalda Inmersiva: talento Da Vinci en una experiencia única

El universo de Quino, en manos de docentes, alumnos y egresados

A partir de octubre de 2026, el universo de Mafalda saltará del cómic al audiovisual de la mano de una muestra multimedia que cuenta con el trabajo de más de 15 alumnos, egresados y docentes de Da Vinci bajo la dirección y producción de Damián Kirzner, referente nacional en medios y entretenimiento con más de 35 años de trayectoria.

En el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, la experiencia Mafalda Inmersiva invita a entrar en el mundo que Quino creó hace más de 60 años y que no solo se convirtió en un emblema del humor y la creatividad nacional, sino también en una obra que dio la vuelta al planeta, obtuvo un infinito reconocimiento y se tradujo a más de 30 idiomas.

A lo largo de 1300 metros cuadrados, el recorrido dura aproximadamente 60 minutos y cuenta con 13 salas que incluyen tanto la habitación de de Mafalda como el almacén de Manolito y escenarios inspirados en la ciudad. Escenografías, esculturas, animaciones, proyecciones 360°, sonido envolvente, pantallas interactivas, música original y hasta una sala adicional con realidad virtual multiusuario buscan transformar la historieta en una realidad tangible.

"La consigna que me tiró Damian fue 'algo para las nuevas generaciones', así que empecé a hacer lo que mejor hago con el diseño: ¡jugar!", afirma Magalí Rostanzo, profesora en Da Vinci y directora de Arte 2D e Ilustración de Mafalda Inmersiva. Y completa: "No entendieron del todo la primera entrega, pero algo hubo que funcionó. Siguieron semanas, meses y más meses de reuniones, ajustes y debates. Fue un proceso arduo, un puzzle universal que ayudó a moldear mi perfil profesional y me enseñó a trabajar con gente destacada sin temor a achicarme".

Si bien la tarea concreta de Rostanzo fue diseñar la paleta de color de la muestra ("no es poca cosa teniendo en cuenta que Quino no quería saber nada con colorizar a sus personajes"), también tuvo que abastecer al equipo de animación y solucionar cuestiones técnicas. "Los de Animación no podían esperarme. Tuve que sacar de la galera un método que les permitiera avanzar a los animadores sin el color final", recuerda.

La labor de "Maga" tuvo otro detalle: la maternidad. "Llegué a completar misión justo antes de parir y dejé todo el estudio de color, diseño y técnica para que Arte solo se concentrara en avanzar. Todo ese proceso me llevó poco más de un año", afirma. Fue la docente Manuela Alberti quien la relevó durante los últimos siete meses de producción.

Un desafío similar recibió el docente y director de Animación 2D de la muestra, Juan Ferro, quien expresa: "Al ser un equipo numeroso, lo más complejo fue procurar que todas las animaciones tuvieran la misma calidad. Esto incluyó las animaciones de la maqueta, los tótems, las pantallas y la sala inmersiva. Muchas de las animaciones de publicidad para redes también estuvieron a cargo de mi área". Y añade: "Toda la muestra en sí fue un desafio único: teníamos que respetar la obra de Quino a rajatabla. Los libros de Mafalda fueron nuestro punto de partida".

Para Ferro hubo un ambiente de "gran familia" porque sus asistentes y los animadores senior habían sido sus alumnos 10 años atrás. "Hoy son grandes profesionales que forman parte del equipo docente de la carrera de Cine de Animación. Y lo mejor fue que, cuando el proyecto creció e hizo falta sumar más artistas, llegaron más exalumnos a trabajar codo a codo con nosotros", explica al mencionar los nombres de Mariano Márquez, Alan Ares, Emiliano Doval, Juan Demauricio, Florencia Palet, Azul Laranga, Nicolás Matrella, Julieta Echeverría y Matías Coronado, quienes representan cuatro generaciones de egresados de Da Vinci.

En este marco, Rostanzo suma los nombres de las artistas Martina Acurso, Pilar Slullitel y Guadalupe Cubilla, y comenta: "Trabajar con alumnos es maravilloso porque sos testigo del pasaje de estudiante a colega en el día a día".
 

Los estudiantes, entre la práctica y la profesión
 

Echeverría y Coronado no solo son artistas, sino también pareja, así que su labor sumó un condimento especial. "Antes de entrar, veía a mi novio desempeñarse en el trabajo y me parecía genial todo lo que hacían. Una vez dentro, me encontré con profes que había tenido en Da Vinci, y con otros que no llegué a tener pero que se convirtieron en grandes amigos", explica la ilustradora.

"Mi rol fue animar personajes y algunos efectos. Todo lo llevé a cabo con muchas referencias, y estructurado por pasos. Además, realicé entregas parciales para evitar correcciones o rehacer cosas", menciona Coronado.

Slullitel llegó a Mafalda Inmersiva mediante una pasantía remunerada. Luego de cuatro meses, volvió a ser llamada para trabajar de manera fija. "Era mi primera vez trabajando en un proyecto de este estilo, así que hacerlo junto a Maga fue la mejor experiencia de la vida", afirma.

Diseñar fondos para la sala maqueta y "empatarlos" con objetos reales, inventar cosas sin romper el universo de Mafalda y hasta autoimponerse nuevos objetivos fueron algunos de los desafíos que el equipo afrontó durante un extenso trabajo.

"Fue un reto mantener lo minimalista y detalles tan específicos que Quino realizaba en sus obras. Pero estoy segura de que amaría tanto esta muestra como nosotros lo hicimos creándola", termina Slullitel.
 

Un equipo sin precedentes
 

No es la primera vez que Da Vinci interviene en propuestas de este calibre, pero las palabras de quienes intervienen en la muestra demuestran un paso valioso para diseñadores, ilustradores y animadores que, en tiempos de Inteligencia Artificial, lograron combinar lo tradicional con lo digital y lo inmersivo, y que, de paso, le dan una nueva vida a un ícono que atraviesa generaciones.

"Absolutamente todo", dice Ferro sin dudar al ser consultado por lo que más disfrutó del proyecto, mientras agradece la "generosidad y confianza" de Damian Turkieh y Micaela Di Pompo, representantes de Realidad 360 Argentina, productora encargada del segmento de Contenidos Audiovisuales y Realidad Virtual. Y subraya: "Me dieron carta blanca para armar el mejor equipo posible. Esa fue la clave: un equipo homogéneo y solidario que se complementó a la perfección y, encima, disfrutó del universo Mafalda de principio a fin. No sé si se puede pedir más", amplía.

Rostanzo confirma: "Toda la experiencia fue un gran regalo del Universo. Extrañaba mucho la presencialidad, algo que se perdió en la pandemia. Trabajar en el escritorio al lado de tus amigos no tiene precio. En momentos difíciles, el equipo hace la diferencia". Y, trazando un paralelismo con la selección nacional de fútbol, finaliza: "Honestamente, sentí que viví la auténtica Scaloneta".

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